Cuando
nos acercamos desde cualquier dirección a Palau-Sator, por encima
del conjunto compacto de tejados de las casas sobresale espectacularmente
la figura inconfundible de la torre a la que se refiere el propio nombre
del pueblo. "Sa tor", o la torre, hace referencia efectivamente
a esta torre de 20 metros de altura, construida probablemente en los
siglos X o XI, único testigo de un antiguo Castillo que estaba
situado en el centro del núcleo. La presencia de este magnífico
monumento nos acompañará si hacemos un recorrido, absolutamente
aconsejable, por el interesante núcleo del pueblo. Sus calles
conservan perfectamente el trazo de la época medieval y se observan
también con mucha claridad restos de las murallas y defensas
que la rodeaban antiguamente. Fuera de este recinto también es
interesante la visita a la iglesia parroquial, dedicada a Sant Pere,
así como una interesante muestra de arquitectura popular constituida
por dos fuentes de características singulares.
También es interesante una visita al Museo Rural, en la calle
Extramurs, una espléndida colección de utensilios relacionados
con la vida en el campo recuperada por una familia del pueblo.
El pueblo de Palau-Sator es también el centro de un municipio
que agrupa el vecindario de Pantaleu y los pueblos de Sant Feliu de
Boada, Fontclara y Sant Julià de Boada. En este último,
popularmente conocido como Boada, se encuentra una de las pequeñas
joyas arquitectónicas más valoradas de la comarca. Se
trata de su iglesia prerrománica, declarada Monumento Nacional
y restaurada en 1982, después de haber servido de establo durante
muchos años, en el interior de la cual destacan, entre otros
elementos, dos arcos de herradura.
Desde Boada, siguiendo en dirección sur se llega a Sant Feliu,
por una bonita carretera rural. A poniente del pueblo hay el territorio
de la "muntanya seca", uno de los últimos casos de
tierras comunales -o de propiedad municipal- de la comarca. Un paseo
por sus bosques permite descubrir antiguas canteras de piedra utilizadas
colectivamente. Muchas casas de este pueblo se han rehabilitado estos
últimos años. En un dintel hay una antigua inscripción
que quiere provocar y hacer sonreir al lector ocasional.
Más al norte queda el pequeño pueblo de Fontclara. La
tranquilidad y el silencio dominan este rincón donde queda en
el recuerdo de un antiguo monasterio de los primeros siglos de la edad
media. En el interior de la iglesia de estilo románico se pueden
ver unas interesantes pinturas fechadas en el siglo XIII.
El término municipal de Palau-Sator roza por el lado de levante
una zona que había sido de características lacustres y
que después sirvió para el cultivo del arroz. Muy cerca
de Sant Julià quedaba por ejemplo el antiguo estany de Boada,
hoy atravesado por una carretera. Fue desecado durante el siglo XVIII
después de hacer importantes trabajos de canalización
de las aguas. Aún así es habitual que las lluvias de las
primaveras y otoños provoquen el lleno, al menos parcial, del
antiguo estanque.
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